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J.J Abrams es un personaje curioso. Este gafitas, creador de Alias y Lost, se ha convertido en un redomado experto en vender humo. Tanto en Lost como en Cloverfield (lo siento, me niego a llamar a este pelicula por su titulo español, el horrible “Monstruoso”) ha sido capaz de generar un inmenso interes a base de enseñar muy poco y sugerir mucho. Tanto es asi, que mucha gente ha quedado decepcionada al no coincidir la realidad con las fantasias que habian ido creando en su cabeza a partir de unas pocas piezas dispersas. El fenomeno Cloverfield comenzo el año pasado, en el estreno americano de Transformers, donde un misterioso trailer, rodado camara en mano, nos mostraba imagenes de una fiesta en Manhattan que llegaba a un abrupto fin cuando algo terrible comenzaba a pasarle a Nueva York. A partir de ahi empezo la locura. Especulaciones de todo calibre (es una pelicula sobre Voltron/Cthulhu/Godzilla/el monstruo de Lost), webs misteriosas que daban datos con cuentagotas. Todo para crear unas enormes expectativas que, sin bien generaban un inmenso interes, llevaban tambien aparejado la posibilidad de una tremenda decepción.

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Hasta que finalmente llego la película. Al margen de todo el ruido mediatico, Cloverfield es una estupenda y breve pelicula de monstruos. Homenaje postmoderno al genero Kaiju, el de tipos metidos en trajes de goma destruyendo Tokyo, mantiene la tensión en todo momento y nos ofrece una vision a pie de calle de acontecimientos apocalípticos como los que hemos visto en muchas otras peliculas. Los agujeros en el guión se detectan mucho mas tras el visionado que en la pelicula en si, en la que el ritmo frenetico no nos deja pararnos a pensar. Todo lo hemos visto ya, pero probablemente no de manera tan visceral. Poco importan los vacuos protagonistas, los funcionales dialogos y el risible doblaje: al margen de todas las especulaciones, Cloverfield es una inteligente e intensa pelicula, una montaña rusa que posiblemente se venga abajo en multiples visionados, pero que mientras dura ofrece un espectaculo intenso y muy recomendable.

 

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 Hace unos años, Ben Affleck era el rey del mundo. Su caché estaba por las nubes, era una figura mediática y todo parecía ir a su favor. Pero, demostrando una vez mas que todo es pasajero, fue iniciar una tormentosa relación con Jennifer López y encadenar una serie de sonoros fracasos de taquilla para que la estrella de Mr. Affleck pareciera apagarse. Todo eso cambiaría con Hollywoodland. En esta pequeña película de género negro Affleck interpretaba de manera sensacional a George Reeves, un actor venido a menos que no era capaz de gestionar su fama y acababa sus días de manera trágica. La propia situación personal de Affleck dotaba a este papel de una curiosa y melancólica  resonancia. La copa Volpi que consiguió en Venecia premió el regreso de Affleck.

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Después de Hollywoodland, Affleck ha dado el salto a la dirección con Adiós Pequeña Adiós (Gone Baby Gone). Se trata de una adaptación, por parte del propio Affleck, de una novela de Dennis Lehane, autor de Mystic River. Como Mystic River, Adiós pequeña Adiós nos cuenta una turbulenta historia ambientada en los suburbios de Boston. Se trata de un relato que tiene todos los componentes del cine negro mas clásico (dos detectives son contratados para encontrar a una niña desaparecida) pero al que final una serie de detalles convierten en algo mas. Por un lado el retrato lleno de crudeza y realismo de un Boston poblado de almas perdidas, un submundo que Affleck nos presenta lleno de textura y veracidad. Le ayuda también un excelente reparto. Casey Affleck retrata ejemplarmente a un hombre tratando de encontrar su código moral ante unas circunstancias que le superan. Michelle Monaghan, que da mucho de sí en un papel no demasiado desarrollado, Amy Ryan, brillante como madre desastrosa de la niña y los veteranos Ed Harris o Morgan Freeman, rayan todos a gran altura.

Es en su parte final, sin embargo, donde Adiós Pequeña Adiós pasa de ser una buena película a convertirse en algo de más empaque. La intriga policial se transforma en una compleja fábula moral y es en la excepcional ejecución de esa complejidad donde realmente brilla Ben Affleck como director. Las escenas finales, más allá de piruetas narrativas, tienen una fuerza que probablemente nos acompañe más allá de la sala del cine. Un final arriesgado y espléndido que nos hace despedirnos gustosamente de Ben Affleck como estrella de cine y darle una sonora bienvenida como cineasta.

 Hoy empezamos a hablar de lo que fue nuestra experiencia en el pasado Festival de Sitges, que en esta edición cumplía 40 años. Poco puedo comentar acerca del palmarés, pues pese a haber visto casi un tercio de la sección oficial apenas he visto películas de las que han sido galardonadas. Enorme triunfo de [REC], que espero sea tan terrorífica como se cuenta y que me restituya algo de fe en el señor Balagueró cuando consiga verla.

Esta edición ha sido para mí un tanto distinta a otras. La tónica de Sitges para mi suele ser ver muchas pelis normalitas, unas cuantas nefastas (Moscow Zero, ¿Estas ahí?) y alguna joya impresionante cada edición. Joyas de años anteriores podrían ser títulos como Avalon, Brick, Primer, La Fuente de la Vida  o Hard Candy. Este año creo que ha sido distinto. No ha habido una película que haya destacado descaradamente sobre el resto, pero el nivel medio ha sido muy interesante. Y especialmente agradable ha sido ver dos operas primas españolas de un excelente nivel. De una de ellas, El Rey de la Montaña, hablaremos en otra ocasión. Hoy nos centramos en la película de Nacho Vigalondo, Los Cronocrímenes.

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Después de 7:35 de la mañana, su corto nominado al Oscar, y de convertirse, para bien o para mal, en un personaje conocido en la Red, capaz de generar tantas adhesiones como detractores, Nacho Vigalondo ha debutado en el largometraje con algo tan exótico hoy en día como una película de ciencia ficción española. Concretamente, y como ya habréis adivinado por su titulo, del subgénero de viajes en el tiempo. Deudora de historias clásicas de este género y de la mismísima Primer, que veíamos en Sitges hace unos años, Vigalondo ha conseguido con su película un fantástico cóctel de ciencia ficción y humor de la más negra variedad. Apoyado en un guión que funciona como una pieza de relojería, regocijándonos a medida que vamos viendo como las piezas van engarzándose una tras otra, los Cronocrímenes nos cuenta una historia que comienza  de modo sencillo, con un hombre que ve algo extraño en el monte que hay junto a la casa a la que acaba de mudarse, para convertirse después en un bucle narrativo donde tienen cabida la ironía, el miedo y sobre todo grandes dosis de inteligencia.

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Interpretada sin estridencias por Karra Elejalde (del que no soy gran fan) y el mismo Vigalondo, Los Cronocrímenes es una película de las que hacen falta en el panorama del cine patrio. Entristece pues comprobar que la cinta aun no tiene distribuidora en España y que esta teniendo mucha más suerte en el extranjero, premio en el Fantastic Fest de Austin incluido, que en nuestro propio país. Esperemos que tenga suerte en su andadura y que Nacho Vigalondo siga esta carrera que acaba de comenzar de manera tan brillante.

No parece que sean buenos tiempos para el western. Diriase que el público actual no quiere ir a una sala de cine a ver “películas del Oeste”. Honor y justicia a la vieja usanza e historias de conflictos fronterizos no parecen ser prioridades de las audiencias de hoy en dia. Y es una pena, porque mas allá de tópicos y ecos nostálgicos, el western es un género que nos ha proporcionado excelentes momentos frente a una pantalla. “La Propuesta” (The Proposition) es una excelente muestra de ese género y de ella vamos a hablar.

 

 

Aunque se trate de un western con todas las de la ley, La Propuesta no esta ambientada en el Far West, ni en realidad en ninguna parte de los Estados Unidos. Se trata de una película australiana, y es en Australia, en el desolado Outback, donde se ambienta su historia. Es en realidad una elección muy interesante, pues los paralelismos con el Oeste fronterizo americano son numerosos. Una tierra desolada y cruel, unos nativos a los que se intenta expulsar y unos habitantes que viven en un entorno de extrema violencia son elementos que ya hemos visto en muchas otras películas.

 

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En esta película de John Hillcoat, escrita por el conocido músico Nick Cave, se nos cuenta la historia de los hermanos Burns, forajidos irlandeses que asolan la región, y de el capitán Stanley (Ray Winstone), un hombre que intenta mantener el orden y civilizar esa tierra agreste y salvaje. No es, pese a este sintético resumen, una historia de buenos y malos, sino de almas atrapadas en un lugar infernal, intentando sobrevivir en base a un código interno que, a la postre, es lo único que poseen. Es una película repleta de personajes perdidos, tratando de adaptarse a un terreno hostil, engañándose al pensar que podrán doblegarlo. Una historia de inocencia rota, que alterna momentos de aterradora belleza con súbitos estallidos de una crudísima violencia.

 

Magnifico trabajo de los actores, en especial de un Guy Pearce que, sin apenas lineas de dialogo, compone un retrato escalofriante de un hombre con un espiritú roto por las atrocidades que ha contemplado. John Hurt, entre lo excentrico y lo genial, Danny Huston, un Coronel Kurtz del desierto Australiano y el formidable duo de Ray Winstone y Emily Watson tambien integran el  plantel. En definitiva, La Propuesta es un film hipnótico, duro y seco, un western de hoy que merece la pena conocer