Hace unos años, Ben Affleck era el rey del mundo. Su caché estaba por las nubes, era una figura mediática y todo parecía ir a su favor. Pero, demostrando una vez mas que todo es pasajero, fue iniciar una tormentosa relación con Jennifer López y encadenar una serie de sonoros fracasos de taquilla para que la estrella de Mr. Affleck pareciera apagarse. Todo eso cambiaría con Hollywoodland. En esta pequeña película de género negro Affleck interpretaba de manera sensacional a George Reeves, un actor venido a menos que no era capaz de gestionar su fama y acababa sus días de manera trágica. La propia situación personal de Affleck dotaba a este papel de una curiosa y melancólica  resonancia. La copa Volpi que consiguió en Venecia premió el regreso de Affleck.

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Después de Hollywoodland, Affleck ha dado el salto a la dirección con Adiós Pequeña Adiós (Gone Baby Gone). Se trata de una adaptación, por parte del propio Affleck, de una novela de Dennis Lehane, autor de Mystic River. Como Mystic River, Adiós pequeña Adiós nos cuenta una turbulenta historia ambientada en los suburbios de Boston. Se trata de un relato que tiene todos los componentes del cine negro mas clásico (dos detectives son contratados para encontrar a una niña desaparecida) pero al que final una serie de detalles convierten en algo mas. Por un lado el retrato lleno de crudeza y realismo de un Boston poblado de almas perdidas, un submundo que Affleck nos presenta lleno de textura y veracidad. Le ayuda también un excelente reparto. Casey Affleck retrata ejemplarmente a un hombre tratando de encontrar su código moral ante unas circunstancias que le superan. Michelle Monaghan, que da mucho de sí en un papel no demasiado desarrollado, Amy Ryan, brillante como madre desastrosa de la niña y los veteranos Ed Harris o Morgan Freeman, rayan todos a gran altura.

Es en su parte final, sin embargo, donde Adiós Pequeña Adiós pasa de ser una buena película a convertirse en algo de más empaque. La intriga policial se transforma en una compleja fábula moral y es en la excepcional ejecución de esa complejidad donde realmente brilla Ben Affleck como director. Las escenas finales, más allá de piruetas narrativas, tienen una fuerza que probablemente nos acompañe más allá de la sala del cine. Un final arriesgado y espléndido que nos hace despedirnos gustosamente de Ben Affleck como estrella de cine y darle una sonora bienvenida como cineasta.

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